Web Oficial de Bravos de Margarita
Buscar
Noticias
Share Incrementar el tamano de la Letra Reducir el tamano de la Letra Enviar noticia a un amigo


Falleció Heberto Castro Pimentel

Prensa Bravos de Margarita, enero 24. A las 3 de la madrugada de hoy, víctima de un paro respiratorio, coletazo final de una larga y penosa enfermedad, falleció Heberto Castro Pimentel, maestro del periodismo venezolano.

Para hablar de Heberto - con el perdón de la lectoría - debo dejar de lado el uso de la tercera persona y como José Luis López, jefe de prensa de los Bravos de Margarita, procedo a narrar y a comentar en primera persona.

Mis primeras referencias sobre Heberto llegaron a finales de los años 60 cuando fungía como comentarista del circuito radial de .los Tiburones de La Guaira. Al mismo tiempo,solía devorar sus crónicas en el diario "El Nacional".

Pasaron los años, decidí hacerme periodista y al llegar a "El Universal", mi primera casa,con frecuencia José Visconti me contaba cuánto había aprendido con Heberto, mientras trabajó a su lado en aquella casa.

Conocí a Heberto durante un velorio en la Funeraria Vallés y conversamos sobre periodismo y deporte, una noche a finales de los años 80. Aquella charla parecía la de viejos amigos, pese al triste ambiente que la rodeaba.

Cuando terminó mi ciclo en "El Universal", a principios de los años 90, Heberto y Hugo René Chávez me llamaron para trabajar en "El Globo", pese a que algunos mediocres de profesión trataban de convencer a los colegas de no llevarme a aquel periódico. Pero Hugo y Heberto desoyeron a aquellos maledicentes y pude entrar a trabajar en "El Globo".

Cierto es que para la época me sentía un periodista hecho y con un nombre bien labrado en del medio... Al menos eso pensaba, antes de comenzar una larga maestría al lado de Heberto.

La amistad entre ambos se estrechó. Me contaba sobre sus anécdotas. Sus inicios en su natal Maracaibo, la muerte de su primera esposa, el dolor de aquel capítulo que terminó por traerle a Caracas, su gran amistad con Luis Aparicio y sus aventuras fundamentalmente en el beisbol y el boxeo, sus deportes predilectos.

Eso sí, añadan el hipismo, donde tuvo una hermosa amistad con el hoy desaparecido Domingo Noguera Mora, quiern le entusiasmó para que fuese propietario de puros de carrera. A mediados de los años 70 visitó varias veces el paddock de La Rinconada, a instancias del ejemplar "Arañazo".

No exagero si digo que cada día compartido en una redacción con Heberto era como asistir a una cátedra abierta. Tan pronto veía un periodista lo medía y se empapaba de sus virtudes y defectos. Enseguida trabajaba para potenciar aquellos y minimizar a éstos.

Su trabajo con los jóvenes era magistral. Como "El Globo" carecía de buena remuneración, había que echar mano a pichones de periodistas. Heberto los moldeaba y los ponía a competir con los mejores sin importar el área escogida para trabajar. Su sapiencia pulía por igual a periodistas políticos, económicos, culturales, de sucesos, de tribunales y deportivos.

Y es que Heberto venía de la cantera del periodismo deportivo y en virtud a sus méritos, cuando aún miltaba en "El Nacional", fue promovido a jefatura de información para llegar a "El Globo" como Jefe de Redacción.

A diario, Heberto salía de su hogar religiosamente a las 4 de la mañana y camino a la redacción leía todos los periódicos. Al llegar a la misma ya tenía un panorama claro para pautar en cada una de las fuentes.

Recuerdo una pauta que encontré alguna vez en mi escritorio. Decía más o menos así:

"Ojo, ojo, ojo!!!!!! Tremenda primera mitad de campaña para los criollos en Grandes Ligas.....Ojo, Ojo, Ojo!!!!! Hidalgo y Mora. ¿Y los pitchers?....¿Qué  esperar de ellos?....OJO, OJO, OJO....RMG".

Ese "RMG" - expresión que no admite traducción, por cierto - fue su marca de fábrica". Paradójicamente, el modo de decirle a sus muchachos: "Tu puedes, eres de los míos" .

Aquellas pautas salían de una máquina de escribir portátil, de colores naranja y negro, la cual jocosamente era llamada "la computadora de Heberto". Vale decir que fue reacio a los cambios que la tecnología imponía y no quería abandonar su condición de romántico del periodismo. Pero siempre se las arregló para que la calidad del trabajo no disminuyera ni un ápice. 

Volvemos a aquellos pichones de periodistas, que por supuesto tomaban vuelo y  en aquel instante los periódicos grandes los reclutaban. Pero eso no desanimaba a Heberto. Sabía de sobra que llegaría una nueva camada a la cual sabría sacarle el mejor partido, en el buen sentido del término.
 
La gran equivocación
Problemas de tipo administrativo empezaron a socavar las bases de "El Globo". Erróneamente,  Heberto  fue señalado como uno de los responsables de la situación y de un modo poco elegante e irrespetuoso hacia su trayectoria como periodista, debió abandonar aquel periódico que había forjado a su imagen y semejana. Por supuesto, quienes le relevaron tardíamente comprendieron que Heberto no había sido el problema sino parte de la solución. Sólo que en aquellas alturas del juego ya aprecían las primeras señales de la enfermedad que un lustro más tarde cobraría la vida del gran periodista.

"El Globo", lamentablemente, cerró sus puertas. Pero tras de sí  dejaba aquella gran aula de clases que Heberto mantenía en vigor de lunes a domingo. En aquella aula no sólo fue maestro consumado. También encarnó a cabalidad los roles de padre, amigo y consejero. No sólo con los periodistas, sino también con todos y cada uno de los que en suerte trabajaron en aquel diario.

Para cerrar estas líneas que constituyen un homenaje a un gran hombre, de esos que muy pocos llega uno a conocer en su tránsito terrenal, citaré un episodio que tiene mucho que ver con la responsabilidad que tengo como jefe de prensa de los Bravos de Margarita.

Poco después de mi llegada al equipo, un diario de circulación nacional me formuló una oferta para engrosar sus filas. Aquello me puso a pensar y debí pedir consejo a mis amigos. Mi primera llamada fue para Heberto, a quien le describí la situación.
Su respuesta fue una consecuencia de su propio modo de ser: certero, claro, preciso y convincente.

"Socio - por cierto, me cuesta encontrar algún pasaje donde me llamara de otro modo -, mi recomendación es que sigas al lado de Rubén Mijares. Eres un hombre de beisbol. Conoces mucho de sus situaciones, pero desde afuera hacia adentro. De adentro hacia afuera tienes idea mas no certeza de lo que  realmente ocurre. Con Rubén aprenderás un gran caudal de cosas y podrás tener ante tí una nueva carrera al paso de unos años. En tu lugar, me quedo con los Bravos de Margarita. Creo que allí está tu futuro".

Primera vez que comento este pasaje. Fue su último gran consejo hacia mi persona. El consejo de un padre, de un amigo.... De un genuino maestro.

Hoy bajará a su última morada en el capitalino Cementerio del Este. Hacemos llegar a su viuda Gioconda a sus hijos y nietos, nuestra palabra de pesar.

Hasta siempre, socio. Nunca te olvidaré.


Agregar Comentario [ Agregar Comentario ] Quiero Registrarme [ Quiero Registrarme ]


Esta es la opinión de los usuarios, no de la bravosdemargarita.com No está permitido verter comentarios contrarios a las leyes venezolanas o injuriantes. Como bravosdemargarita.com nos reservamos el derecho de eliminar los comentarios que consideremos inapropiados.


Don Heberto definitivamente es de esas personas que marcan y dejan huella. Gran persona maestro jefe y amigo. Es increible que buscando informacion sobre su deceso encuentre tu articulo. Despues de casi 12 años nos encontramos a traves de Heberto. Que Dios lo bendiga siempre.
 
Sandra Goncalves :: Fecha > 26/01/2010 - 16:05:48

PUBLICIDAD